
Nada te turbe, nada te espante; todo pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene, nada le falta;sólo Dios basta.
Santa Teresa de Jesús.
La pequeña Venecia
...Respìrar...inhalar, exhalar., llenar tus pulmones de aire.
Tratar de hacer a un alto, las discriminaciones,pugnas diarias del ejercicioo de una vida digna en medio del caos, de salir airoso de la aventura de vivir, con sus altas y bajas, llorando, riendo…viviendo.
Hacerse una coraza, para protegerse de los certeros ataques, no sólo de tus declarados enemigos, esos de suave hablar, que van propagando maledicencias de ti y tu desempeño a cada paso, tratando nerviosamente de convencer a los demás de lo que no es, sino además, de quienes también pretenden sobrevivir a todo costo, sin importar cuánto sientas o puedas estar afectado en relación a su proceder.
Estar en medio de un grupo que no es tal,soportando la levedad del ser, procurando ya no inmiscuirte en su diario acontecer,porque a fin de cuentas, no vale la pena; sobre todo al evidenciar una vez más lo descubierto desde el primer día: que para ellos jamás resultó importante, ni lo que pudieras aportar, ni lo que quisiste compartir, porque a fin de cuentas, ellos siempre han sido, lo que efectivamente sabías que eran: Por ahora, un accidente, una mero estadio, poco trascendente, para develar cuanto se añoraba la cálida presencia de quienes, contigo, compartieron la lucha: rieron, lloraron, trabajaron, soñaron y esperaron confiados, el inicio del fin .
Siempre las comparaciones resultan odiosas, pero sinceramente, es que esto, de verdad, se los juro, resulta inevitable y ni siquiera admite comparación.
La solidez, la lucha solidaria de un equipo fuerte, con sus debilidades y destrezas que afrontó vejámenes, batuqueadas arrechas del destino, del ejercicio inclemente de un autoridad, a veces férrea, pero equivocada, que sin embargo podía controlarse, con la amistad de fondo para vencer ese mal y seguir: luchando, salir adelante y seguir siendo siempre: los locos de siempre, los amigos que fuimos, somos y seremos.
Esto, aquí en este ahora, no existe y no se trata del gobierno, ni de subterfugios de mi afortunadamente afiebrada imaginación, porque lamentablemente, son características afinesde grupo, donde salvo contadísima excepción, no existe compromiso, solidaridad, amistad ni gallardía. Aquí lo que hay es que disimular que estoy contigo, porque tristemente, “hay que salvar el sueldo y se tiene bozal de arepa”, lo cual les permite a todos, presenciar cómo se irespeta el criterio profesional de todos y el de si mismos, sin parpadear siquiera. ¡Que arrechera!
Resulta curioso, cómo, tras once años de compartido esfuerzo, en un mismo ámbito laboral, sin embargo estos últimos casi tres años, con este reducidísimo (geográfica y mentalmente hablando) ámbito, sea este ahora, presumiblemente afin, tan lamentablemente diferente, deprimente y terriblemente depresivo.
Y eso que por ahora, confieso, por razones éticas y de compromiso conmigo mismo, siento que no puedo expresar los detalles de toda esta decepción, a pesar de que, humanamente me ha resultado imposible, no haber dejado, cuan Hansel y Gretel o Pulgarcito, en el paseo por el bosque, ciertas migas en el recorrido, para recordar el camino de regreso, que no sé si en el mismo sentido, han sido comidas por los cuervos, para luego evidenciar la pérdida.
No obstante, no ha de transcurrir mucho tiempo más, para develar algunas cosas, que, en su momento, sé bien han de ocurrir. Todo tiene su momento, incluso el tiempo de Dios en la tierra y el de los grandes acontecimientos.
Siento, que en este arduo camino, nunca he dejado de obrar conforme a mi conciencia, sin pretender ser “monedita de oro”, "Juan Corazón” o “el amigo de todos”. Aún así, afortunadamente, todavía puedo dormir tranquilo, e incluso, creer en la gente. No en toda ella, no en la que actualmente me rodea (no soy idiota, aunque a veces parezca serlo, para seguir sobreviendo) y todavia existen muy pocas excepciones, entre quienes me rodean (se sorprenderían si tuviera que enumerarlos, sobrarían dedos de una sola mano).
Quienes hoy se ríen, no sólo de cuanto me acontece, e incluso de las trivialidades más vanas de este diario acontecer, quienes pactan con quien a su vez me ha adversado,gratiitamente en estos últimos años, poniendo zancadillas, haciéndome sentir a veces pequeño, o inmerso en medio de un reducido espacio, inmerecido, absurdo, carente de sentido, aquéllos que bajo el poco convincente disfraz de “compañeros de camino”, convencidos de que no he de lograr salir de este foso, no se imaginan su error, aún no se percatan de la pestilencia de su entorno, que ya ha manchado sus huellas y de la que en algún cercano momento,simplemente no tendrán escapatoria. Aun no se han dado cuenta de sus miseriias que están por inundarles y revertirles la intención.
Por eso y muchas cosas más: Eli, Janu, Siria, Yaye, Ilona, Carlos, Yamili, Ive, Ina, Karla, Marluys, Judith, Gioco, Rosy, Milene, Arna, Inés María, Constante,Maritza, Marlene, Marianny, Mariaelena, Begoña, entre sonrisas y lágrimas, disgustos,discrepancias y certeras aventuras de vida, grandes triunfos y pequeños fracasos, quisiera expresarles, en estas, aparentemente inertes líneas, cuánto les extraño y deseo para ustedes y en especial, para "toda" la gente del Puerto de Puerto Cabello (a quienes nombrarles en este post resultaría demasiado extenso), de la que tuve oportunidad de aprender y respetar, tanto al ciudadano y la administración pública,de la que honrosa y afortunadamente pude formar parte,como a la persona que con defectos y aciertos soy, sin mayor reconocimiento, que el inmenso placer de conocerles y quererles, lo único que pueden merecerse, solamente lo mejor, aunque incluso, nunca más me hablasen, leyeran o encontrasen,siempre he de llevarles conmigo y agradecerles eternamente, por la solidaridad,cariño,leción de vida y "don de gente" que les ha caracterizado y que a éstos de ahora,tanta falta les hace...
Nada te turbe, nada te espante; todo pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene, nada le falta;sólo Dios basta.
Fuego y Ternura, Lucerito