
Provengo de una tierra de gracia en desgracia, que siempre, inclusive aún hoy día, ha brindado su amplia geografía, para que todo aquél que llegue esperanzado de encontrar una razón de vida albergue la efectiva posibilidad de salir adelante,sin persecuciones,discriminaciones, amenaza de exterminio o efectiva deportación.
Una tierra plagada de seres cálidos y bonachones que no hacían diferencia entre un ciudadano u otro (salvo excepciones, que por supuesto,las ha habido) entre una naconalidad u otra a la horade trabajar,compartir o tratar,que al contrario,muestra del mestizaje habrindado las másexóticas bellezas reconocidas nacinal e internacionalmente(mejorando la raza, como dicen) y sin embargo, ahora, ante el súbito cambio de nuestra realidad social, también hemos sido a diario, sujeto y objeto de la oprobiosa y mancillante experiencia de la más aberrante y xenofóbica de las persecuciones...
Por ello,por nostros y todos los demás ciudadanos del mundo, me siento en la necesidad imperiosa de compartir este artículo...
Por José María Baldoví, Los sudacas de Europa
Que el matón catalán con antecedentes de robo con violencia haya atacado a la joven e ilegal ecuatoriana como quedó registrado por el video de un tren de Ferrocarrils de la Generalitat, en Barcelona, y que se vió en todo el mundo, no es lo más grave.
Aún cuando de por sí es supremamente grave. Lo que en verdad inquieta y produce asco es que la justicia española no haya encontrado mérito alguno para castigar de manera ejemplar al agresor de la suramericana. No representa al pueblo español, se ha limitado a decir el Fiscal.
Todavía estamos estudiando el estado físico y psicológico de la agredida, dicen los médicos. Nadie se explica porque al hampón lo devolvieron a la calle. Y eso que ahora España se mueve al ritmo de las olas socialistas, humanitarias y solidarias del señor Rodríguez Zapatero. Apenas paños de agua tibia de cara a la prensa internacional se han producido al otro lado del océano. Como para dar contentillo. Como para no quedar tan mal ante las cortes de la Unión Europea. Como para burlarse a la postre del asombro universal. Mientras que un juez de Barcelona decretó libertad provisional sin fianza para el tal Sergi Xavier Marín Martínez, otro juez impuso a este delincuente como medidas cautelares la obligación de comparecer en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes, así como en las dependencias de la policía local de Santa Coloma de Cervelló dos veces al día, entre las 10 y las 11 horas y entre las 18 y las 19 horas. La indolencia de las autoridades jurídicas y políticas de Cataluña y el resto de España son por decir lo menos oprobiosas. No sólo han desafiado a las minorías legales o irregulares que en España desempeñan los oficios que los nativos ya no quieren hacer, en virtud de su nueva opulencia y abundancia que ahora le enrostran al mundo. Sino que han demostrado que les importa un bledo los señalamientos y observaciones que eventualmente puedan emitir las más altas instancias de la comunidad europea.
¿Qué esperaban, que el atacante acuchillara o violara o asesinara a la víctima delante de las cámaras de seguridad para entonces proceder a darle una condena acorde a su brutalidad?
Claro, como no era gringa, ni sueca, ni francesa, ni alemana, ni rusa, sino una pobretona ecuatoriana que llegó a trabajar de lo que fuera para salvar de más miseria a su familia, pues que se devuelva a su patria. Como le gritó el matón catalán. “No paraba de llamarme inmigrante”, le dijo la ecuatoriana al juez. Los actos de xenofobia y racismo que en los últimos días han salido a flote, tienden a perfilar un alarmante cuadro de ataque masivo en las calles contra las gentes provenientes del mundo que hace tres generaciones acogió a quienes de España venían huyendo de la pobreza, el hambre, la insalubridad, el desempleo, las ratas, la falta de letrinas, la muerte y la dictadura del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde.
Esa España de los Machado, Lorca, Azorín, Unamuno, Pío Baroja, Pedro Salinas, Pérez Galdós, Rafael Alberti ha quedado en el más remoto pasado y confinada a los museos de cera. No así para los millones de gallegos, aragoneses, castellanos, valencianos, andaluces, vascos y, naturalmente, catalanes que con una mano atrás y otra adelante, una maleta de cartón y a veces sin muda interior llegaron a México, Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay, Colombia y, naturalmente, Ecuador. Para estos el pasado es parte presente y vital de su periplo. Porque al abandonar su suelo salvaron sus vidas.
Pasteleros, panaderos, albañiles, campesinos, pescadores, sastres, cocineros, meseras, buscavidas, buscapleitos, costureras, pordioseros, profesores, curas renegados, limpiabotas, prófugos, bufones, economistas, latoneros, ingenieros, nocheras, intelectuales, aristócratas estafadores, actores, músicos y carniceros españoles salvaron su pellejo al besar tierra americana. Aquí llegaron a hacer paellas por encargo, a dictar clases en las universidades, a escribir en los periódicos, a volverse gerentes de bancos y a decir después de unas sidras y ahítos de condumios que en España eran dueños de castillos, fortunas y terrenos que el régimen totalitario les había secuestrado. Todos eran condes, duques y marqueses caídos en desgracia. Sus nombres y títulos no cabían en sus tarjetas de presentación. Aquí, en América, vinieron a ser gente. A dormir en camas decentes. A comer comida decente. A trabajar en trabajos decentes y a casarse con gente decente.
Eran de tal magnitud las estrecheces que acosaban a los bragados españoles, que en 1943, “un ciudadano tenía derecho a 7 litros de aceite, medio kilo de jabón y 3 kilos de arroz anuales”. De eso se escapaban en épocas franquistas republicanos y también no pocos nacionalistas que no soportaron el látigo y la cartilla de racionamiento impuesto por el Caudillo de España por la gracia de Dios. Mala memoria suelen tener los nuevos ricos. Apenas estrenan comida, bebida, trabajo y ocio decentes, se olvidan de lo que les costó montarse en carro último modelo. Cuando las familias de ancestro oscuro se ganan la lotería se vuelven amnésicas, relajadas y prepotentes.
Hasta no hace mucho, los españoles eran los sudacas de Europa. Eso también se les borró de la memoria. Europa llega hasta los Pirineos, decían de los Pirineos para arriba.
La vieja hospitalidad española, muy franquista por cierto, que se prodigaba a los gobiernos y súbditos latinoamericanos, contribuyeron a estrechar lazos a través de organismos como el Instituto de Cultura Hispánica. Entidad que facilitó, mucho más que ahora, el intercambio literario, artístico y cultural de esta orilla con la antigua Metrópoli. Los flacos recuerdos ibéricos impiden que ahora se reconozca que Santa Evita envió de los frigoríficos argentinos millones de toneladas de carne fresca a las vacías tiendas de ultramarinos de Madrid, Sevilla, Albacete, San Sebastián, Valencia o la orgullosa Barcelona. Tuvo grandeza España. Sobre todo cuando fue poética, pobre y no tenía otra cosa que tragar más que patatas (originarias del Perú, para más piedra).
Hoy sólo tiene dinero y medios de ostentación. Le sobran bienes materiales pero carece de sentimientos. La austeridad en las costumbres y en la casa condujo a esa “España nuestra” a concebir un idioma literario que no se volvió a ver. Porque fue el producto de una riquísima vida interior frente a entorno estéril y rocoso. Su alimento venía del alma, del pasado, de la utopía, de la palabra. No del pan duro de la rabia. Y ahora que los sudacas llegan a la próspera y ubérrima España con su estómago vacío a cubrir vacantes en lavanderías, restaurantes, hoteles, tabernas, discotecas, burdeles, aeropuertos, farmacias, hospitales y en donde sea, los hijos, nietos y choznos de los que dormían sin un bocado en las tripas pero con un familiar en las Américas que los sacaba de apuros cuando podía, reciben a patadas a los hijos, nietos y choznos de quienes les extendieron abrigo y sopa a los exiliados y vencidos de la Guerra Civil.
Así reaccionan las víctimas de la represión totalitaria. Desahogan su sentimiento aplazado de frustración contra el débil que tengan a mano. Es una realidad psiquiátrica. Tomar revancha.
Los judíos dejan sin agua a los palestinos. Los alemanes dudan del holocausto. Los turcos dicen que aniquilaron a los armenios porque algún día se levantarían contra la unificación (anticipación de la guerra preventiva de Bush). Y así hasta el final de los tiempos. Tras la farsa de juicio al patán catalán, se vendrán las marchas, protestas y manifestaciones de los sudacas para reclamar sus derechos, a los que por más ilegales que sean y por más modestos que luzcan sus ocupaciones, también están abasteciendo las generosas mesas detrás de las cuales se sientan los españoles europeos a ver por tv las palizas que les propinan sus hijos a los hijos de sus viejos bienhechores.
De no corregirse a tiempo y en forma debida los desmanes de este asqueroso catalán y sus colegas iracundos, pronto veremos en las calles españolas trágicos enfrentamientos entre los aborígenes tarambanas y asesinos y los inmigrantes perseguidos. Ya os olvidasteis de cuando erais los sudacas de Europa.
Todo,todo,todo, Daniela Romo (Ojo, no lo pude revisar previamente,espero el video se encuentre en buenas condiciones)