martes, diciembre 12, 2006

El Particular Universo del maestro Quiroga



No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si entonces eres capaz de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.(Horacio Quiroga)

La abeja haragana (Cuentos de la Selva)

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.

Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos al rozar contra la puerta de la colmena.

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:

—Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.

La abejita contestó:

—Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.

—No es cuestión de que te canses mucho —respondieron—, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.

Y diciendo así la dejaron pasar.

Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:

—Hay que trabajar, hermana.

Y ella respondió en seguida:

—¡Uno de estos días lo voy a hacer!

—No es cuestión de que lo hagas uno de estos días —le respondieron—, sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.

Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:

—¡Si, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!

—No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido —le respondieron—, sino de que trabajes. Hoy es diecinueve de abril. Pues bien: trata de que mañana veinte, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.

Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.

Pero el veinte de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.

—¡No se entra! —le dijeron fríamente.

—¡Yo quiero entrar! —clamó la abejita—. Esta es mi colmena.

—Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras le contestaron las otras—. No hay entrada para las haraganas.

—¡Mañana sin falta voy a trabajar! —insistió la abejita.

—No hay mañana para las que no trabajan— respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

Y diciendo esto la empujaron afuera.

La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.

Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.

—¡Ay, mi Dios! —clamó la desamparada—. Va a llover, y me voy a morir de frío. Y tentó entrar en la colmena.

Pero de nuevo le cerraron el paso.

—¡Perdón! —gimió la abeja—. ¡Déjenme entrar!

—Ya es tarde —le respondieron.

—¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!

—Es más tarde aún.

—¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!

—Imposible.

—¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:

—No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.

Y la echaron.

Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.

Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.

En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacia tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.

Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por eso la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:

—¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.

Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo: —¿qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.

—Es cierto —murmuró la abeja—. No trabajo, y yo tengo la culpa.

—Siendo así —agregó la culebra, burlona—, voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.

La abeja, temblando, exclamo entonces: —¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.

—¡Ah, ah! —exclamó la culebra, enroscándose ligero —. ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes son más justos, grandísima tonta?

—No, no es por eso que nos quitan la miel —respondió la abeja.

—¿Y por qué, entonces?

—Porque son más inteligentes.

Así dijo la abejita. Pero la culebra se echó a reír, exclamando:

—¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer, apróntate.

Y se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:

—Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.

—¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? —se rió la culebra.

—Así es —afirmó la abeja.

—Pues bien —dijo la culebra—, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.

—¿Y si gano yo? —preguntó la abejita.

—Si ganas tú —repuso su enemiga—, tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?

—Aceptado —contestó la abeja.

La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:

Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra.

Los muchachos hacen bailar como trompos esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.

—Esto es lo que voy a hacer —dijo la culebra—. ¡Fíjate bien, atención!

Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.

La culebra se reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

—Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.

—Entonces, te como —exclamó la culebra.

—¡Un momento! Yo no puedo hacer eso: pero hago una cosa que nadie hace.

—¿Qué es eso?

—Desaparecer.

—¿Cómo? —exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa—. ¿Desaparecer sin salir de aquí?

—Sin salir de aquí.

—¿Y sin esconderte en la tierra?

—Sin esconderme en la tierra.

—Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida — dijo la culebra.

El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda de dos centavos.

La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:

—Ahora me toca a mi, señora culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres", búsqueme por todas partes, ¡ya no estaré más!

Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente:"uno..., dos..., tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie. Miró arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido.

La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho?, ¿dónde estaba?

No había modo de hallarla.

—¡Bueno! —exclamó por fin—. Me doy por vencida. ¿Dónde estás?

Una voz que apenas se oía —la voz de la abejita— salió del medio de la cueva.

—¿No me vas a hacer nada? —dijo la voz—. ¿Puedo contar con tu juramento?

—Sí —respondió la culebra—. Te lo juro. ¿Dónde estás?

—Aquí —respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.

¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también aquí en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraran, ocultando completamente al insecto.

La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida.

La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.

Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared más alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río adentro.

Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.

Nunca, jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior, durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calentita, y lloraba entonces en silencio.

Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.

Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:

—No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez de mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, sí hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche. Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos —la felicidad de todos— es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

lunes, diciembre 11, 2006

De la Navidad, un cumpleañero especial y el Amor que se anida en cada uno de nosotros...



"No eches raíces en un sitio, muévete, pues no eres un árbol, para eso tienes dos pies. El hombre más sabio es el que sabe que su hogar es tan grande como pueda imaginar." (Mago de OZ)



"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año" (Charles Dickens)

La Navidad, como ya se ha expresado, permite reconciliarnos con la fe, vivir hermanados pensando en un presente amigable y fraterno, en un futuro esperanzador.

Es tiempo de buena voluntad, villancicos y cánticos que nos permiten reflexionar, añorar a los seres queridos, establecer alianzas esperanzadoras que nos permitan tomar una bocanada de aire fresco y seguir adelante, confiados en la infinita gracia del Dios Padre.

Por ello, creyendo firmemente en la buena voluntad, en la capacidad regenerativa del hombre frente a si mismo, en la consensualidad manifiesta de salir airosos de los trances que se nos presentan para ser cada día mejores personas y ciudadanos, estas líneas pretenden avivar un poco, en medio de tanto desconsuelo, injusticia e intolerancia en nuestro diario vivir, ese espíritu festivo y esperanzador de la navidad, alejado del mercantilismo de gastarlo todo, enfrascado enb su esencia más pura:la reconciliación y el despertar de la fé en los corazones de los hombres de buena voluntad, para salir airosos de las pruebas que atravesamos y seguir adelante ... con una sonrisa.

Al Lic. Alvarez, en este día especial, el de su cumpleaños, mis esperanzados deseos de que brille en su alma la luz y el destello de la inteligencia, excelencia creativa y feliz desempeño, como excelente persona y brillante profesional de la comunicación social;que ese travieso y anhelante niño que cohabita con tan maravilloso ser, le permita seguir siendo encantador,vehemente, soñador y tan él, que jamás le impida CREER que todo cuanto quiere es posible realizar, si lucha con la suficiente tenacidad para lograrlo y que la pesadumbre y el desespero no existen ni tienen cabida, cuando la fe existe en nuestros corazones, para impulsarnos a seguir adelante, contra todo pronóstico.

A todos los queridos amigos lectores, un abrazo cálido que permita ratificarles el afecto y la bienaventuranza de esta siempre hermosa temporada Navideña.

"¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!" (Charles Dickens)



"El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad" (Charles Dickens)

viernes, diciembre 08, 2006

El Gigante Egoísta, de Oscar Wilde


En la onda de cuentos y fábulas maravillosas, de esas trepidantes y hermosas historias que desde siempre han alimentado nuestra prodigiosa e interminable imaginación, me permito compartir con Ustedes este clásico inmortal de del maestro Oscar Wilde, que espero disfruten y atesoren tanto como yo .

Ojalá y más pronto que tarde, algún genio creador o estudio fílmico pudiera deleitarnos con una excelente adaptación que permita recrear con imágenes, sonido y música esta gran historia, como en su momento ocurrió con La historia Interminable de Michael Ende y El Señor de los Anillos de Tolkien.

El Gigante Egoísta - Oscar Wilde

Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante.

Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto. Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos. -¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.

Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vió a los niños jugando en el jardín. -¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo. -Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él. Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel: Prohibida la entrada. Los transgresores serán procesados judicialmente.

Era un gigante muy egoísta. Los pobres niños no tenían ahora donde jugar. Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gustó. Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado. -¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros. Entonces llegó la primavera y todo el país se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín del gigante egoísta continuaba el invierno. Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, pero cuando vio el cartel se entristeció tanto, pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra y se echó a dormir. Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo. -La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. -Podremos vivir aquí durante todo el año

La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco y el Hielo pintó de plata todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento aceptó. Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín, derribando los capuchones de la chimeneas. -Este es un sitio delicioso- decía. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos. Y llegó el Granizo. Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompió la mayoría de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín corriendo lo más veloz que pudo. Vestía de gris y su aliento era como el hielo. -No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y ver su jardín blanco y frío. -¡Espero que este tiempo cambiará! Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.

-Es demasiado egoísta- se dijo. Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles. Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, cuando oyó una música deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería el rey de los músicos que pasaba por allí. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dejó de rugir, y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta. -Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama miró el exterior. ¿Qué es lo que vio? Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los niños habían penetrado en el jardín, habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, había un niño. Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños. Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped. Era una escena encantadora. Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él. -¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo.

-¡Qué egoísta he sido- se dijo. -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol, derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo de los niños para siempre. Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho. Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal con toda suavidad y salió al jardín. Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno. Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente en su mano y lo colocó sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él, y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó. Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos. -Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derribó el muro. Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso de los jardines que jamás habían visto. Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante. -Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, el niño que subí al árbol?- preguntó. El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado. -No sabemos contestaron los niños- se ha marchado. -Debéis decirle que venga mañana sin falta- dijo el gigante. Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía y nunca antes lo habían visto. El gigante se quedó muy triste. Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los niños iban y jugaban con el gigante. Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, no se le volvió a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él. -¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir. Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho y cada vez estaba más débil. Ya no podía tomar parte en los juegos; sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín. -Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas.

Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores. De pronto se frotó los ojos atónito y miró y remiró. Verdaderamente era una visión maravillosa. En el más alejado rincón del jardín había un árbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso. El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó: - ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos. -¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle. -No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor. -¿Quién eres?- dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño. Y el niño sonrió al gigante y le dijo: -Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso. Y cuando llegaron los niños aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos.

jueves, diciembre 07, 2006

La cerillera (La Pequeña vendedora de Cerillos)


Hans Christian Andersen escribió este cuento breve.“La niña de los fósforos” es un relato triste sobre una pequeña vendedora de cerillos, que obligada por su padre sale a vender bajo el gélido invierno, en el último día del año.

Como no ha vendido, la niña no puede regresar a su casa, por lo que decide sentarse en el frío piso. Lo helado del ambiente la obliga a encender una cerilla, y con ese calorcito su imaginación se despierta; luego enciende otro y después otro más.

En una de esas ocasiones ve a su abuelita, quien ya está fallecida, y entonces para no perder la imagen de su abuela enciende todos los fósforos, y le pide que se la lleve con ella.

En la primera mañana de enero, los transeúntes vieron el cadáver de la chiquilla con lástima, sin saber con qué gloria había entrado con la abuela en el gozo del año nuevo.

La maravillosa magia creativa de los estudios Disney ha ideado,un excelente cortometraje de esta historia, que a mi juicio, terminará convirtiéndose en un clásico más de esta sorprendente fábrica de sueños, dotado de una calidez y sensibilidad pasmosa, para acompañar el lanzamiento de la Edición Especial de "La Sirenita", inspirada en la homológa historia del maestro danés, un cortometraje lleno de magia y extraordinaria ternura que curiosamente en esta oportunidad si resulta fielmente aproximado a esta contundente historia que gracias a youtube me permito compartir con todos Ustedes.

Ojalá se sensibilisen y la disfruten tanto como lo hice yo, al descubrirla en este excelente DVD pleno de interesante material adicional. Cuando la vean, por favor expresen sus comentarios para enriquecer esta sencilla, pero afectiva nota.

¡Se les quiere!


Navidad 2006




Con la llegada de la Navidad, sobreviene la calma, persiste la alegría y se apaciguan los ánimos.

Producto de la época decembrina, conscientes o no de ello, nos dejamos llevar por la contagiosa alegría de niños, jóvenes y adultos dispuestos a renovar sus deseos y anhelos, confiados en que el niño Dios ha de concederlos o al menos coadyuvar en su futura concreción.

Es tiempo de reflexión, de introspección, respecto a cuanto hemos hecho y lo que pretendemos o hemos pretendido hacer con nuestras vidas, para redireccionarla o redirigirla para el caso de asumir conscientemente las riendas de nuestro destino.

Por ello durante este mes, dentro de los post a realizar, trataré de incluir, alternativamente, música y temas alusivos a esta fecha de reconciliación y buena voluntad, sin obviar lo que el espíritu y la conciencia ciudadana me animen a compartir con Ustedes, mis extraordinarios amigos.




miércoles, diciembre 06, 2006

Todo lo que quiero para Navidad...


"Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen". Camilo José Cela.

Al fin, llegó Navidad. La época más hermosa del año, en la que el amor y la buena voluntad parecieran irradiar "sorpresivamente" en los rostros y corazones de la gente, solamente durante sus 31 días.

Es el mes del nacimiento del niño Dios, del renacer de la fé en la esperanza y salvación de la humanidad.

No sé, quizás allí radique esa particular magia, ese encanto, ese afán que comminado por el comercio internacional y nacional nos lleva a correr absurdamente contra el tiempo y desaforadamente gastarnos hasta el último centavo de nuestros ingresos y ahorros para regalar a todo el mundo, aunque sea un pequeño presente, que constate que estamos "sintonizados" con dicha onda expansiva de amor sin medida... para terminar al fin de año pidiendo prestado hasta la siguiente quincena del mes, lamentándonos de habernos excedido en el gasto, con la resaca moral, biológica y económica del excesivo gasto, las tremendas farras y la exacerbada ingesta de licor, propia de estas fechas.

No obstante a ello y después de los inclementes y sacrificados momentos que este bravo pueblo ha atravesado, tanto opositores como oficialistas, cual montescos y capuletos, todos merecemos hacer un alto en la atrincherada guerra e incesante, contradictoria y absurda lucha, que lamentablemente aún no termina, para dar paso a la reflexión y tranquilidad.

El reposo necesario de quienes, llevamos bastante tiempo, en un vaivén de dimes y diretes que pareciera aún no tener fin.

De ahí el por qué resulta necesario e inminente hacer una tregua y bandera blanca en alto, reponer fuerzas, respirar profundo, meditar, redirigir metas y sueños y a pesar de todo, creer.

Ahora bien, no pretendo caer en el cursilismo concreto de pensar, en ese soñado, abstracto e idealizado "Abrazo solidario", sin distingo de diferencias, en esa posibilidad más que remota, de obviar diferencias, que ya, al menos lamentablemente es imposible aplicar por estos lares, no, que vá, lamentablemente eso solo existe en los clásicos del cine, en esas obras imperecederas como "It´s a wonderful life" y casi toda la filmografía de ese genio creador de Frank Capra, que supo visionar y redirigir la época de la gran depresión americana, para soslayar la desesperación y la angustia y reconfortar los millones de corazones de una sociedad desesperada, ansiosa de retomar la fe y creer en el mañana, producto de una difícil realidad concreta.

Los cineastas de hoy dia y el público hacia quien dirigen su mensaje, están conscientes que no hay discurso almibarado que pueda contra la intolerancia, el desaliento y oprobio del mundo moderno, por lo que ya no se esfuerzan en utilizar esta fórmula que en el pasado tantos buenos resuiltados produjera. Prueba de ello es el escaso interés que en el mercado norteamericano ha despertado el estreno de "Una navidad muy prendida"con los geniales Danny de Vito, Mathew Broderick y Kirsten Davies, cuya trama decae estrepitosamente luego de los primeros 15 minutos del film, para casi convertirse en un somnoliento especial de televisión para un domingo en la tarde. Ahora las apuestas fílmicas son para la violencia, recreación de hechos históricos, acontecimientos terribles, documentales que nos demuestran, cuan perniciosos y despreciables podemos llegar a ser, bajo los abusos de poder o animaciones que pretenden demostrar lo valerosos que podemos resultar, si nos esforzamos en ser quienes somos y otros mensajes de autoayuda, para dejar atrás el afecto y apoyo solidario. Confundir sociedad con suciedad, en un maquiavélico juego de palabras que lamentablemente profundizan la gran brecha que día a día nos separa y enfrenta en una cruenta lucha descarnizada por sobrevivir...para vivir.

Pero hey, no todo está perdido, mientras haya vida, existe la esperanza y el compromiso efectivo de tratar de ser mejores cada día, pese a todo lo que acontezca, es nuestro compromiso, ser felices.

Por eso quiero, de verdad, aprovechar la magia de estas fechas, retomar ese espíritu solidario y afectivo, que no sólo es producto de ella, gracias al comercialismo o verdadero asiento que reside en la bondad que se anida en el corazón de todos, de ese cariño sincero que he percibido y recibido de quienes me han visitado y aún lo hacen, de mis seres cercanos, de quienes comparten conmigo el día a día laboral, afectos o no a mi modo de ser y de pensar, para desearles a todos, durante estas navidades, lo mejor.

Que sean capacez de lograr alcanzar la mayor parte de lo que anhelan y desean, de materializar el producto de su creativo esfuerzo, de pasarla bien, de ser visitados por el espíritu de la navidad, entendido éste como la manifestación festiva de una época de reflexión y convivencia ciudadana, de respetar lo mayor posible nuestras diferencias, de dejar pasar el reproche, la intolerancia, la fatalidad y en franco ejercicio de respeto ciudadano, vivir la tranquilidad de las fiestas.

Para aquellos que especialmente forman parte de mi vivir, todos esos amigos que están, los que me visitan a diario, los que algunas veces lo hicieron y los que no lo han hecho ni lo harán, todo mi cariño y mis mejores deseos porque durante estas fiestas irradie en sus corazones la paz y permanezca viva e inalterable la llama del amor, entendido éste como fuente de vida, instrumento vital para la consagración de metas y esperanzados deseos.

Y ojo, aclaro que no estoy despidiéndome, ni pienso salir del blog, simplemente estoy tratando de "ponerme al día" con mi cronograma de posts, truncado por circunstancias ajenas a mi voluntad inicial, que habían impedido su concreción.

¡Se les quiere!

"La enfermedad del ignorante, es ignorar su propia ignorancia." Amos Bronson Alcott

¡Ante la adversidad, Amémonos todos!

"Aquel que deja de aprender, es un viejo tenga veinte u ochenta años. Aquel que sigue aprendiendo, se mantiene joven." Henry Ford


"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. En realidad, la vida es una calle de sentido único."
Agatha Christie

¡Ireemplazables!



Ireemplazable, es el amor que se anida en cada uno de nosotros, haciéndonos cada vez más fuertes, permitiéndonos soportar las caídas, sosteniéndonos, aferrarnos a este hermoso lazo de vida útil, subjetiva, apreciable en cada instante, maravilloso o no, de nuestra terrenal existencia .

Decir "Te Quiero y Gracias" resulta, además de grato,realmente necesario, para validar la honrosa preocupación que nace del afecto y con certeza nos reafirma que no estamos solos, que disponemos los unos de los otros para subir la cuesta, hacer más llevadero el camino cargado de obstáculos que ha de dirigirnos hacia nuestro estimado destino...

Cada uno de nosotros, como entidad genérica afín, se retroalimenta del otro en la compleja y maravillosa diversidad particularizada de su esencia, que constituye un valioso tesoro, un crisol que expande su luz, para iluminar cualquier recóndito rincón de nuestras vida, incluyendo las penas, inseguridades y temores ocultos.

Cada uno representa en sí mismo la magia de la Vida, cuyo devenir constante llega provisto de múltiples páginas especiales, que se escriben con creyones de colores, para determinar cada estadio de su increíble e incesante aventura particular: Todas y cada una de las páginas de su maravillosa historia personal, que se entrelaza con la de muchos otros seres de luz, algunos incluso, inicialmente anónimos que luego se convierten en factores determinantes, suerte de elenco integrante de una excelsa obra coral, producto de vicisitudes, alegrías, encuentros y desencuentros del increible juego de la Vida, del cual todos formamos parte.

Por ello, reciban todos un fuerte abrazo, acompañado del susurro del viento del Norte, que acompasado les manifiesta mi cariño, con un caluroso y fresco agradecimiento, por estar al pendiente de cuanto acontece, para ratificar ese afecto sincero que ha nacido entre nosotros, esa solidaridad fraterna que resulta ireemplazable, como Ustedes, para seguir adelante.

¡Gracias otra vez!.
"La tristeza es la cuna de inspiración de todo escritor."
Agatha Christie

martes, diciembre 05, 2006

Respeto (Coming Home)

Regreso a esta casa, después de una breve, pequeña y necesaria ausencia...

A todos los queridos amigos que se preocuparon y escribieron líneas de apoyo, e incluso mensajes electrónicos, MIL GRACIAS por ese afecto y solidaridad demostrado.
Era necesario, hacer un alto, interiorizar las circunstancias exógenas y las endógenas de cuanto nacionalmente sucedió, sucede y está por suceder.
Poder interiorizar todo...para desde allí empezar a materializar y concretar ideas, acciones, actitudes, todas en función de evolucionar,aún en medio de la involución pasmosa de estos tiempos de intolerancia que han de acrecentarse hasta llegar a un inevitable caos insostenible, que quizás materialice algún cambio; y aún si así no fuere, igual ha de expectarse hacia un camino liberador que permita salir adelante a quienes todavía, pese al irrespeto, abuso de poder y actitudes fraudulentas aún creemos en la libertad y necesaria interrelación de los pueblos, en el esfuerzo creativo como elemento generador de prosperidad, en la dignidad humana y la decencia como factores claves de autodesarrollo, aunque todo esos principios parezcan hoy día vetustos e infuncionales.
Hacer paréntesis y en consecuencia, salir transitoriamente del blog, para nada me parece el ejercicio de acto de cobardía alguno; por el contrario, a mi entender y salvo mejor opinión, en ejercicio de respeto al prójimo, vivenciar en soledad interna la crisis, asumirla y sentirla para calibrarla, combatirla y hacerle frente, desde dentro, sin interferencia colectiva alguna, para no contaminar a los demás de las consecuencias de un sentir y padecer particularizado, ni dejarse inundar por ésta, reconociéndole el control total de la situación, con posibilidad de vencer sobre el ententendimiento y la razón.
Por ello agradezco a todos la solidaridad y el respeto y si en algun momento les causé preocupación desmedida, pido Mil Disculpas por ello, no fué mi intención.
Simplemente necesitaba revalidar conceptos, pensar claro y asumir como siempre, con absoluta responsabilidad las riendas de mi vida para tratar de salir adelante, por encima de cualquier circunstancia...sin morir en el intento.
No estaba muerto, pero tampoco estaba de parranda. Sólo me encontraba interiorizando mi sentir,vivenciando mi padecer, asumiendo la lucha interna del ser frente al deber ser, idear estrategias para seguir enfrentando, de momento, esta ignominiosa existencia a las que nos someten,contra nuestra voluntad.
No todo aún se ha dicho y cuanto ha sucedido y sucede aún puede contrariar lo que sucederá. Sin ánimos de asumir posiciones alarmistas ni vaticinar presagios, el determinismo de los últimos acontecimientos pareciera avecinar el desbordamiento del caos, así como no puede pedirsele peras al olmo, ni obsequiársele margaritas a los cerdos, la historia y el tiempo se encargarán de juzgar cuanto ha acontecido, sucede y sucederá.
A todos, otra vez, ¡Gracias, con todo mi cariño!.
¡Se les quiere y recuerda siempre!